miércoles, 13 de julio de 2016

LA PRIMERA ECOGRAFÍA

La primera ecografía de tu hijo es de las cosas más bonitas que se pueden ver, como un buen cuadro abstracto, en el que intuyes las formas, sabes que hay algo, pero tú en particular no ves ni distingues nada. 

De igual manera, en la primera ecografía, después de haber "vivido" tantas veces este momento en las películas, y para que engañarnos, en nuestra imaginación, resulta que te encuentras echada sobre la camilla del ginecólogo viendo una pantalla en blanco y negro y poniendo cara pocker, mientras tu mirada se cierra, como si miraras a lo lejos, para intentar ver algo de lo que te está diciendo el médico.

- ¿Ves? esto que palpita es el corazón- y tú sonríes, e imaginas que eso es el corazón, pero ni siquiera te ha quedado claro donde ha señalado el médico.

Mientras me colocaba sobre la camilla de la consulta, con los nervios a flor de piel, pensando que dentro de mí había un torbellino que me dejaba para el arrastre pero al que conocería en unos meses, no pude dejar de pensar en el día del parto.

Sé que no hay que pensarlo tanto, o no desde el principio, porque hay meses por delante y el miedo y los nervios son traicioneros, pero YO ESTOY ACOJONADA.

Desde que estoy embarazada, mi primera pregunta a las que acaban de ser madres, ya no es a quien se parece o si me pueden mandar una foto, ahora lo que pregunto es: ¿te has quedado traumatizada tras el parto?

Por ahora ninguna me ha dicho que sí, y eso es un consuelo.

Traumas a parte, las ecografías a lo largo de estos meses son una pasada, porque son la ventanita que se te abre de vez en cuando para saludar al que llevas dentro. Para distinguir un pie, una mano y derretirte al verle hacer algún movimiento.

Yo siempre salgo por la puerta con el mismo pensamiento: "esto es increíble, es magia"

Que continúe la magia!




miércoles, 4 de mayo de 2016

MADRE PRIMERIZA: ESTO NO TE LO CUENTA NADIE.

Estoy harta de ver en las revistas a muchas "famosillas", sentadas en sus salones kilométricos, con las piernas retorcidas en posiciones imposibles y con la barriga asomando, mientras comentan: "Estoy en un momento muy dulce de mi vida"

Y yo, con las bolsas de recoger la caca del perro en los bolsillos, que ya no son para el perro sino para las náuseas intermitentes e incansables, y para los vómitos que llegan en cualquier momento y lugar. Con ganas de salir a la calle con una pinza en la nariz para no tener que ir cruzándome con olores de fritangas, de basura y de perfumes criminales...Y me pregunto, ¿Dónde coño está el momento dulce?

No es que no esté feliz de estar embarazada, que lo estoy y mucho, pero no puedo evitar sentirme un poco estafada. 

¿Por qué nadie me había explicado bien que durante unos cuantos meses iba a tener una especie de virus estomacal junto con una gripe las 24 horas del día, todos los días de la semana?

Tampoco nadie se había molestado en comentar que detrás de este "momento feliz" se esconde una yo que puede arrancarse a llorar por cualquier cosa, un vídeo de perritos, un niño por la calle, y que en cuestión de segundos puede aparecer mi otra yo, la que odia a medio mundo, la que desde que está embarazada ha cogido en según qué momentos una rabia indescriptible hacia los hombres en general, y hacia mi marido en particular. ¿ Por qué? Pues porque ellos no pasan por esto...

Voy a engordar, no me voy a ver los tobillos, me voy a volver loca con la ropita de bebé, me pasaré el día imaginando su carita mientras la mía la meto en la taza del váter. Si os apetece podéis acompañarme en esta aventura, y si también la estáis pasando, mejor que mejor, lloremos y comamos juntas!